Yoga, ¿para relajar?

Nuestra práctica busca el equilibrio, la armonía; no solamente busca relajar. La relajación se puede considerar un efecto secundario, y no un fin en sí mismo, de un proceso de búsqueda de lo que realmente soy, de búsqueda de la autenticidad.

Relajarse va a ser una consecuencia; también una fase necesaria en nuestra práctica. Por poner un ejemplo es como si me apunto a natación y me propongo nadar cada día una hora porque cuando salgo de la piscina consigo que el cuerpo se haya lavado, me siento limpio. Está claro que es cierto que el agua ha limpiado el cuerpo, pero parece desproporcionado nadar una hora para lavar el cuerpo. Con una ducha de 3 minutos puedo lavar la piel, si ese fuese mi objetivo.

Por lo tanto enfocamos la práctica no tanto para relajar nuestro cuerpo sino para indagar, para dejar que nuestro cuerpo sea expresión, que se expresen las limitaciones, los bloqueos, las alegrías, la felicidad, el compartir. Permitir que nuestro cuerpo vaya encontrando libertad; sin manipularlo, sin justificarlo, sin juzgarlo, dejando que suceda lo que tenga que suceder.

Nuestra esterilla va ser una base segura desde donde podemos dejarnos ser vulnerables. Porque un trabajo sincero y profundo conlleva dejarse ser vulnerable. Y la vulnerabilidad buscada necesita un marco íntimo donde poder expresarse sin miedo; cada día un poquito más, sin prisas, respetando. Y esto es en sí es un gran acto de valentía, de entrega, de coraje, de suma inteligencia y por encima de todo: es un acto de amor.